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martes, 31 de agosto de 2021

María Huertas: “Muchas mujeres ingresaron en el psiquiátrico por no ajustarse a su rol de género”

 

ENTREVISTA

La psiquiatra feminista publica ‘Nueve nombres’ (Ed. Temporal), que recoge el conmovedor relato de nueve mujeres que pasaron por un manicomio de València

Todas ellas fueron víctimas, de una manera u otra, de la violencia del patriarcado, y tras ser escuchadas, fueron “capaces de recuperar su proyecto vital y salir adelante”

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

Descripción de la imagen

 Diputación de Valencia

A Ana su marido la vejaba, agredía y humillaba, por lo que perdió la ilusión de vivir y dejó de hacer las labores para las que se supone que estaba programada por ser mujer (limpiar la casa, cuidar de su suegra, preparar la comida, estar a disposición del hombre en la cama). Por eso, su familia la ingresó en un manicomio.

Amparo fue una mujer muy devota a la que un “delegado de Cristo” obligó a hacerle tocamientos y felaciones. Como castigo (para ella, no para él), acabó en un manicomio.

Felipa vivió un infierno en una casa cuartel de la Guardia Civil por la brutalidad de su marido hacia ella y hacia sus hijos. Un día, tras una paliza, acabó en el hospital. Él la amenazó con dispararle con la pistola reglamentaria y ella, hecha un mar de dudas, no sabía si denunciar. Intentó poner fin a su calvario y se tiró por la borda de un barco en el puerto de València con su hijo. Cuando despertó, se vio encerrada en un manicomio.

 
Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

 Diputación de Valencia

Aurora venía de una familia marginal y no sabía quién era su padre. Su madre se prostituía para dar de comer a la familia y la acabó matando un cliente. A ella y a sus hermanas les tocó hacer lo mismo; igual con sus hijas, y los hijos vivían con ella hasta que “ellos solos se podían ganar la vida”. No sabía ni cuánta descendencia tenía y confundía sus nombres. Así que, tras una detención, esta mujer víctima de la pobreza y del patriarcado, acabó siendo ingresada en un manicomio.

María, de familia humilde, acabó sirviendo en una casa. Cuando la mujer de la casa estaba embarazada, no dejaba que le tocara el hombre, así que este decidió violar a la criada. Se quedó embarazada y la echaron; años después, volvió a quedarse embarazada de su novio, que hacía el servicio militar en Ceuta. Falleció tras disparársele un arma mientras la limpiaba. Ella se hundió en la tristeza y su familia la ingresó en un manicomio.

La historia de nueve mujeres procedentes del "obsoleto y vetusto" Manicomio de Jesús de València

Son solo algunas de las conmovedoras historias que relata María Huertas en su libro Nueve nombres (Ed. Temporal 2021). Huertas es médica psiquiatra y ha sido Jefa de Servicio de Salud Mental del Departamento 09 de la Comunidad Valenciana desde 1986. Precisamente ese fue el año que se aprobó en España la Ley General de Sanidad que decretaba el cierre de los manicomios.

Escrito durante el confinamiento de 2020, en él relata las historias de mujeres con las que se topó en el Hospital Psiquiátrico de Bétera, procedentes del “obsoleto y vetusto” Manicomio de Jesús, en el barrio de Patraix.

Antiguo Manicomio de Jesús de València

Antiguo Manicomio de Jesús de València

 Wikiloc

Son relatos que demuestran una crueldad inhumana hacia personas que fueron “encerradas, castigadas, humilladas y medicadas durante años, enajenadas y deshumanizadas” que “no solo habían perdido sus vidas”, sino “también el recuerdo de haberlas tenido”. Todas ellas tienen un punto en común: la violencia patriarcal sistémica.

-Explíquenos: ¿Cómo eran los manicomios? ¿Cómo se trataba a las internas?

Empiezo a trabajar, con otra gente recién licenciada en Medicina, en el Hospital Psiquiátrico de Bétera, que se inaugura en 1973. Allí se trasladó a gente del Manicomio de Jesús. Lo que sabíamos en aquel momento es lo que empezaron a contarnos ellas, porque yo no había estado nunca: vivían encerradas en unas condiciones terribles, tanto de infraestructura, porque era vieja, se estableció en un antiguo convento viejo, como de tratamiento, que era realmente denigrante e inhumano. Quizás lo peor de todo era el aislamiento emocional, espacial y no tener ninguna perspectiva de futuro. Todo el mundo que entraba tenía muy claro que iban a estar allí toda su vida. Y allí no tenían nada propio.

-¿Por qué se trataba así a las internas, prácticamente como si no fueran ni personas? ¿Había un objetivo de anularlas?

El tratamiento era ese porque la psiquiatría no tenía ninguna respuesta para estas personas más que el encierro, apartarlas de la sociedad y maltratarlas. Aunque nombro esto en el libro, intento dar un mensaje positivo y esperanzador: hablo de la historia novelada de nueve mujeres que parten de una situación muy tremenda, de apatía y de desinterés por todo, pero que cuando se les escucha, su palabra se valida, pueden expresar sus necesidades y deseos y se les apoya, son capaces de recuperar su proyecto vital y salir adelante. Lo que intento es darle la palabra a estas personas que nunca la tuvieron.

Cuando se les escucha y su palabra se valida, son capaces de recuperar su proyecto vital y salir adelante

María Huertas

-Escribe que algunas estaban incluso “sin trocitos de cerebro”, víctimas de la lobotomía de la época “científica” de la psiquiatría, en la que catedráticos de la universidad y prestigiosos profesionales las medicaban de forma abusiva, les aplicaban electroshocks, etc. ¿Se han llegado a investigar alguna vez estos tratos?

No, se hacía de la manera que ellos consideraban científica. Era el momento de la ciencia, se creía que la enfermedad mental estaba localizada en el cerebro y se intentaba dar solución de esa manera. Era una práctica brutal y nunca se comprobó realmente que sirviera para algo. En la actualidad se siguen dando electroshocks y hay un abuso tremendo de la medicación. No se practica lobotomía, pero sí hay un abuso de la farmacología.

-¿Qué se busca hoy con ese exceso de medicalización?

Dentro de los hospitales, imagino que el hecho de tenerlos tranquilos y que no molesten. Y fuera, hay todavía muchos psiquiatras que confían mucho en dar esa medicación. Está bien darla, pero no de forma tan excesiva. Creo que hay que escuchar más a la gente y medicar menos.

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

 Diputación de Valencia

-El relato de las nueve historias es conmovedor y todas tienen un punto en común: el patriarcado sistémico. De una manera u otra, acabó perjudicando la salud mental de las mujeres a través de la religión, de la violencia machista, de la prostitución… ¿Lo compartes?

Totalmente. Parto de ahí: la estructura patriarcal atraviesa varios espacios y ha afectado a las mujeres. Naturalmente que el motivo de ingreso de ellas estaba muy condicionado por este tipo de estructura, los tratamientos, su estancia y el trato que se le daba.

-También da la sensación de que, el mero hecho de ser diferente a lo que el sistema espera de nosotros, y especialmente de nosotras, podía desembocar en un internamiento. Narra el caso de una mujer a la que internan por un episodio de gran tristeza o depresión tras perder a su novio y quedarse con dos hijos. ¿Estos casos siguen ocurriendo en la actualidad?

Yo creo que menos, porque existe lo que se llama equipos de salud mental comunitaria, que están en todas las zonas, y los ingresos ya no son en hospital psiquiátrico, solo cuando hay crisis se quedan en las salas de los hospitales generales. Este tipo de cosas no creo que pase actualmente, pero sí sigue influenciando el hecho de ser mujer en muchas cosas de tu historial psiquiátrico. En los años 80 hicimos un estudio sobre los motivos de ingreso de las mujeres en nuestro servicio: había más de un 40% de ingresadas por cosas que tenían que ver con problemas sociales, no con problemas mentales. Es decir, con su rol de género, con cosas que estaban mal vistas y que no se ajustaban a ese rol: tener hijos solteras, pintarse mucho, salir demasiado, muy rebeldes en la adolescencia… cosas que se consideran más normales en los chicos, y en ellas, un peligro.

La lobotomía era una práctica brutal y nunca se comprobó realmente que sirviera para algo

María Huertas

-A estas mujeres a las que se les internaba por motivos sociales, ¿qué les provocaba a nivel mental acabar en un espacio así por causas sociales?

Cada una reaccionaba de una manera: algunas se adaptaban totalmente, se daban cuenta de que estaban en un circuito cerrado del que no iban a salir y que la mejor manera de pasarlo era siendo lo más dóciles posible; otras se rebelaban y era peor todavía, porque aumentaban los tratamientos, los encierros, había celdas de castigo donde estaban incomunicadas…

-¿Cree que siguen existiendo estigmas para las personas que acaban ingresadas por motivos psiquiátricos?

Sí, aunque hay mucho menos que antes. Cuando empezamos a trabajar en los equipos de salud mental, había una gran cantidad de personas que se resistía a venir porque si ibas te podían considerar loco. Ahora la mayor parte de la población pasa por estos equipos y hay menos estigma de lo que había antes. Pero sigue habiendo y sigue existiendo, sobre todo cuando hay un diagnóstico de enfermedad grave, como puede ser esquizofrenia. La gente sigue pensando que estas personas son peligrosas y que no razonan.

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

 Diputación de Valencia

-¿Cómo es el trato y la vida hacia las personas ingresadas en los hospitales psiquiátricos actuales? ¿Hemos avanzado?

En la actualidad se ingresan en las unidades de hospitales generales y el trato es mucho mejor de lo que era antes. Es mucho más humano, se considera mucho más a las personas como son, pero creo que con exceso de medicación. Las asociaciones En Primera Persona, que son de personas con enfermedad mental, y las asociaciones de familiares, tienen una serie de protestas que son muy razonables: lo poco que se les escucha, lo poco protagonistas que son de la propia vida y la medicación, que es muy abusiva. Ellos son los que tienen ahora la palabra. Hace 30 años no la tenían porque no se les escuchaba y éramos los profesionales los que teníamos que hablar por ellos, pero en estos momentos ellos tienen la palabra y son quienes tienen que decidir cómo quieren que sean los tratamientos.

Ahora las personas con enfermedad mental tienen la palabra y son quienes tienen que decidir cómo quieren que sean los tratamientos

María Huertas

-La pandemia ha afectado a la salud mental de muchas personas, como así lo vienen confirmando diferentes estudios y encuestas. ¿Somos más conscientes de la importancia que tiene cuidarnos también mentalmente?

Estaría muy bien que sirviera para eso. En la pandemia, como en cualquier crisis a nivel mundial, como en la de 2008, la gente lo pasa muy mal y eso repercute en su salud mental. Somos un todo, hay que considerar a la persona de una manera holística: todo nuestro organismo, lo físico, lo psíquico y lo que ocurre a nuestro alrededor, está englobado en la persona e interactúa. Cuando hay una crisis externa naturalmente que afecta a la persona a nivel mental, igual que le afecta a nivel físico.

-Se te define como médica psiquiatra y feminista. ¿Qué significa aplicar el feminismo a la psiquiatría?

Es adquirir, poco a poco, conciencia de mujer y de las condiciones en las que han venido las mujeres. Se trata de ser conscientes de que esas mujeres han estado totalmente condicionadas por la estructura patriarcal y porque se les ha aplicado un rol de género con el que posiblemente no han cumplido. Es tener una visión crítica de lo que está ocurriendo.

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

Hospital Psiquiátrico de Bétera, en València

 Diputaci


martes, 1 de junio de 2021

Consuelo García del Cid, autora del libro «Las desterradas hijas de Eva»

Sagrario del infierno


Consuelo García del Cid, autora del libro «Las desterradas hijas de Eva»


«(…) Fue el día que Ramoncito apareció colgado por los cordones de sus zapatos junto a la sacristía, las monjas se volvieron locas porque había pasado la noche con don Juan Manrique de Lara, el cura ciego de la parroquia de Santo Domingo. El niño tenía la lengua afuera asfixiado por la soga fina, no aguantaba más, le pasaba como a todos nosotros que eramos follados día sí día no por aquellas bestias con sotana. Me acuerdo que vino hasta el obispo Pildaín el vasco, los hombres de Falange, el jefe de la guardia de asalto y un teniente de la guardia civil con el bigote finito que se llamaba Fernando Tejada de Rivera, era gallego y tenía fama porque era de los que torturaban en el Gabinete Literario y la comisaría de la calle Luis Antúnez, lo que es ahora el Colegio La Salle, lo taparon todo porque no se supo más de aquel suceso. Ramón Ramírez Cabrera tenía el culito destrozado, con los calzoncillos llenos de sangre por las hemorragias, lo que hizo cuando lo trajeron a la Casa del Niño fue irse directo a la torre de la dama blanca, allí se quitó los zapatos, se amarró el cuello con las sogas chiquitas y se colgó de los hierros del campanario. Pasó un tiempo sin que vinieran los curas borrachos aquellas noches terribles, pero a los pocos meses todo volvió a lo mismo, se olvidaron del suicidio del hijo de Pedro Manuel Godoy, el comunista aldeano, volvieron a lo mismo, a toquetéarnos en nuestras camas, abusando de nosotros como si fuéramos putas pagadas, pero éramos niños, que en muchos casos, como el mío, no pasábamos de los doce años, indefensos en las manos de aquellos abusadores con Rosario al cuello jediendo a sahumerio…»

Testimonio de Floreal Benjamín Doreste, hijo de asesinado por los falangistas, desaparecido en los pozos de Guayadeque (Aguimes) en mayo de 1937.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 14 de febrero de 1998, en Casa Pastores, Santa Lucía de Tirajana.


lunes, 31 de mayo de 2021

Mercado de seres humanos

MEMORIA HISTÓRICA

 

Maternidad de Peña Grande en Madrid donde los niños se vendían por curas y monjas como ganado

«Aquello mi niño era un escándalo, se manejaba mucho dinero que no iba para Falange se lo quedaban los jefes y los curas implicados, yo recuerdo en el tiempo que estuve allí interno que vendieron a más de doscientos niños».

Antonio Chirino Hernández

«(…) Había domingos que nos sacaban a todos y nos formaban en el patio de la Casa del Niño, ese día las monjas repartían caramelos de nata y algún cucurucho de merengue, querían que estuviéramos contentos, que nos riéramos porque era día de venta y exposición. Al rato llegaban los curas de Vegueta acompañando a las familias que venían en cochazos con chófer atravesando el Paseo de San José, aparcando en la explanada junto a la torre de la capilla. Eran gente rica, señoras de bien vestidas de negro o blanco, con Rosarios al cuello, hombres del régimen, muchos con uniforme de Falange, otros de militares y los que iban de paisano vestían trajes de lujo que solo podía tener quien tuviera mucho dinero. Don Francisco Ortigosa, padre Franciscano, era el que decía los precios de cada uno de nosotros, nos cogía suave por el pelo y decía -Este es rubio, no vale menos de veinte mil, pero podemos negociar su excelencia- Allí vimos como se llevaban a los compañeros vendidos, como separaban hermanos porque a la señora no le gustaba el otro por ser feo o tener alguna deformidad, ser cojo, ciego o tener un brazo más chico que otro. Lo que parecía una fiesta se iba convirtiendo en un drama por las separaciones, a los curas les daba igual siempre que sacaran dinero. El jefe de la trama era siempre Francisco Rubio Guerra, el mando falangista de la Villa de Firgas que se encargaba de la acción social, siempre estaba presente los días de «mercado», manejaba flejes de billetes allí delante de todo el mundo, los mas caros eran los bebés, esos estaban aparte en sus cunas en la planta alta, allí solo entraban las familias y el padre Ortigosa, luego salían las señoronas con su bebé cogido como si lo hubieran parido allí mismo, montándose en el coche y mirando para atrás por si se lo quitaban a última hora. Ellos sabían que aquello era ilegal, por eso había tanta clandestinidad, tantas medias voces, el régimen lo apoyaba, pero temían que en un futuro todo cambiara y alguien los juzgara por tráfico de seres humanos, eso jamás sucedió porque lo que ahora llaman democracia es una continuación del fascismo, el mismo rey fue puesto por Franco junto a toda su familia de ladrones, como el abuelo Alfonso XIII. No puedo olvidar aquellos domingos de compra-venta, a mi nunca me llevaron, el que fuera con muletas y me faltara una pierna era un verdadero problema, yo prefería no ser vendido, aunque tuviera que quedarme en aquel infierno de abusos sexuales y maltrato, a los que se llevaban les robaban para siempre la identidad, también la sonrisa y todo recuerdo con sus seres queridos asesinados…»

Testimonio de Juan José Román Calzada, hijo de asesinado por el franquismo en Las Palmas GC, internado en la Casa del Niño entre los años 1938-1946.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 23 de diciembre de 2012, en El Sauzal, municipio de Tenerife.


MEMORIA HISTÓRICA

MEMORIA HISTÓRICA
El preventorio
  Francisco González Tejera   3 febrero 2021



«(…) El coraje que me dio fue no ver más a mi hermano porque se lo llevaba aquella familia de gente rica, Sor Candelaria me agarró por el brazo muy fuerte y don Domingo Sosa, el cura de San Juan, llegó al rato con un fleje de billetes después de venderlo, cada sábado y domingo llegaban los coches de lujo y las señoras bien vestidas, sus maridos con medallas, vestidos de Falange o con uniformes militares, hombres con gesto serio que venían de combatir en la guerra de España, muchos con las manos manchadas de sangre, como si ya no tuvieran bastante con asesinar a nuestros padres, les quedaba robarnos a los niños, separarnos a los hermanos pa siempre. Por eso no puedo olvidar ese 18 de julio de 1940, lo llevo pegado a mi pecho como una enfermedad incurable, Las Palmas estaba engalanada por la celebración fascista, las monjas privadas chupando licor de plátano y comiendo dulces de El Risco en la cocina de la Casa del Niño desde por la mañana, Francisco Rubio Guerra desarretado contando el dinero de cada venta, no en vano era el jefe de acción social de Falange, allí estaba en la oficina de los maestros manejando expedientes de venta junto al jefe de propaganda falangista de la provincia con el bigote enroscado, privaos en su juicio con tanto dinero en sus manos. Los gritos de mi hermano Julio siempre los llevaré en la memoria con la mayor de las tristezas, el pobre solo tenía dos añitos y medio, no paraba de llorar desde que lo separaron de mi, monjas y curas estaban de fiesta ese día, no les daba compasión los llantos de los chiquillos que nos quedábamos allí solos, aguantando cada noche los abusos sexuales de los curas de Vegueta…»

Testimonio de Antonio Mayor Mesa, huérfano de padre desaparecido por los fascistas en el municipio de Telde, interno en la Casa del Niño del Paseo de San José de Las Palmas, entre 1938-1947.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 3 de febrero de 2007, en El Rincón de Tenteniguada, Valsequillo, Gran Canaria.

https://viajandoentrelatormenta.com/el-preventorio/

lunes, 26 de abril de 2021

las cosas franco no hizo

 No puedo evitar ver con tristeza cómo algunos comparten estos días fotos de Franco atribuyendo a su dictadura logros que no le corresponden; para los que estéis cansados de propaganda y noticias falsas aquí tenéis la verdad:

Franco no creó la seguridad social – La seguridad social se inicia a través de la comisión de reformas sociales de 1883 y es en 1900 cuando se comienzan a aplicar estas políticas. La seguridad social queda institucionalizada en 1908 a través del instituto nacional de previsión.

Franco no creó las magistraturas de trabajo – Las magistraturas de trabajo se aprueban por la ley de jurados mixtos del 7 de Mayo de 1931 por parte del ministro de trabajo Francisco Largo Caballero.

Franco no creó las vacaciones pagadas – Las primeras vacaciones pagadas se aprobaron en 1918 a los funcionarios del estado, en 1919 a los capitanes y oficiales de la marina mercante y en 1931 la ley de contratos de trabajo en su artículo 56 lo reconocía para todos los trabajadores.

Franco no creó el sistema de pensiones – En 1919 el instituto nacional de previsión establece la imposición de la obligatoriedad de las pensiones y es en 1931 cuando se recoge constitucionalmente y se desarrolla como un seguro unificado para todos los trabajadores.

Franco no industrializó España – La guerra destruyó la industria Española y la época de autarquía comprendida entre 1939 y 1957 acabó con los restos. España no recupera el nivel industrial previo a 1936 hasta el año 1970 según datos del banco mundial.

Franco no creó pantanos – Los pantanos fueron programados en el plan badajoz de 1933 y desarrollados por el ministro de Industria Indalecio Prieto. El plan badajoz comenzó a gestarse a principios del siglo XX.

Franco no fundó ni Telefónica ni Iberia, – Telefónica se funda por iniciativa privada en 1924 e Iberia de forma similar en 1927.

Franco no estableció las primeras ayudas a las familias numerosas – Las primeras ayudas a familias numerosas se establecen el 21 de Junio de 1926 a través del Real Decreto Ley de protección a las familias numerosas de funcionarios públicos y de clase obrera.

Franco no creó las VPO – Las viviendas de protección oficial se crean mediante la ley de casas baratas del 13 de junio de 1911 y se desarrolla a través de un sistema de fundaciones que comienzan a ofrecer viviendas protegidas en 1913.

Franco no nos metió en la ONU – La ONU bloqueó la entrada de España por ser una dictadura, diez años después se desbloquea la entrada por presión de EEUU. Para informarse sobre esto véase “La cuestión Española”.

España no era la 8ª Economía del mundo a su muerte – fue la 10ª según datos del BM, durante la restauración en el siglo XIX y principios del XX era la 6º según la misma fuente.

Con Franco el paro no era inapreciable – La monitorización del paro no empieza en España hasta 1973, pero raro es que hubiera paro después de una guerra y en los años posteriores.

Franco sí cobraba impuestos – solo que su gestión además de corrupta era ineficiente. La aplicación del IVA tampoco se hacía en ningún país europeo hasta los inicios del proyecto económico europeo.

Ah, y para los que dicen que a Pedro Sánchez no lo ha votado nadie y por tanto no tiene legitimidad que sepan que España es una monarquía parlamentaria por lo que el ciudadano no puede elegir ni al primer ministro ni al presidente (Rey) del país.

A ver si esto lo compartís en lugar de compartir la basura que se ve estos días.

domingo, 18 de abril de 2021

← NIÑOS EN TRATO CON EL DEMONIO

 

NIÑOS DEL SIGLO XX (II): PATRIOTAS Y CARNE DE CAÑÓN

Rendición de niños soldados alemanes

Rendición de niños soldados alemanes

No enseñaría a los niños entrenamiento militar, tal como tampoco les enseñaría a incendiar, robar o asesinar. (Eugene Debs)

Las opiniones de un candidato socialista a la Presidencia de los EEUU, a comienzos del siglo XX, pueden tener un valor testimonial que no coincide con la mentalidad dominante en su época, ni en la actual. Ha sido más frecuente que los padres preocupados por disciplinar a sus hijos tomen la decisión opuesta, educarlos para la guerra, porque la sociedad civil se presenta como un ámbito violento, polarizado, anárquico, que rechaza cualquier intento de imponerle un orden. Por eso, a los niños díscolos se los envía a colegios religiosos, o mejor aún, militarizados, donde junto con la disciplina estricta que desean legarle sus padres, se los acostumbra a utilizar todo tipo de armas, con lo que en épocas de enfrentamientos bélicos, los estudiantes pasan a ser la joven reserva del ejército.

Ellen Key

Ellen Key

La feminista sueca Ellen Key proclamaba en 1905, el advenimiento del “siglo de los niños” que debía ser el siglo XX. Lamentablemente, como demostraron los hechos, nada podía estar más lejos de la realidad. Los niños que habían preocupado a los educadores, comenzaban a estar en el centro de  atención de los empresarios y comerciantes que los veían como una clientela emergente, que no había sido tomado en cuenta hasta la fecha. Ellos compraban revistas organizadas para ayudarlos en sus tareas escolares o entretener su tiempo libre, o buscaban en la prensa dirigida a los adultos, secciones diarias o suplementos de comics, que los tenían como destinatarios. La publicidad asociaba sus imágenes a productos que ellos debían consumir (desde cacao en polvo, al aceite de hígado de bacalao) o que no se suponía que ellos consumieran (cigarrillos, alcohol) solo porque sugerían frescura, inocencia, autenticidad. Ellos veían películas protagonizados por actores infantiles que volvían millonarias a sus familias, y los tomaban como modelos, cuando exigían de sus familias que los vistieran y peinaran como sus ídolos.

Durante los siglos XVIII y XIX, los niños habían participado en las guerras de los adultos, cargando cañones con pólvora, portando insignias en el campo de batalla, convocando a los ejércitos con redobles de tambor y llamadas de trompeta, actuando como mensajeros de sus superiores. Durante el siglo XX, los niños se incorporaron a los ejércitos como soldados regulares. ¿Acaso no habían sido preparados para asumir ese riesgo? Al comenzar la Primera Guerra Mundial (1914-1919) la industria del juguete ofrecía soldados de plomo, reproducciones de cañones, trenes y barcos, que convertían a la guerra en un gran juego masculino, un territorio ideal para vivir todo tipo de aventuras. No lo era, como demostraron los diez millones de muertos que dejó el enfrentamiento y veinte millones de mutilados.

En las escuelas se enseñaba a las niñas a curar heridas, se las instigaba a visitar enfermos, a postergar lujos y comodidades en atención a las penurias que vivía la nación. Quedarse esperando, encerradas en sus casas, tejiendo o bordando monogramas, en espera del regreso de los hombres, no bastaba para definir a una mujer virtuosa. En las iglesias se invitaba a participar en “un ejército de plegarias”.  A medida que el enfrentamiento bélico se prolongaba, la población civil comenzó a sentir todo tipo de inconvenientes: morían parientes y amigos, los sobrevivientes regresaban del frente de batalla mutilados o desequilibrados psíquicamente. En las escuelas, los maestros que no habían sido convocados al frente, dedicaban sus clases a la propaganda militarista, mientras que en los hogares se pasaba hambre.

ABC for Baby Patriots

ABC for Baby Patriots

Si había que adoctrinar a los niños, para que apoyaran los proyectos bélicos de sus países, no se perdía el tiempo. La dibujante May Frances Ames había publicado en 1899 un ABC for Baby Patriots, un silabario que tuvo enorme difusión y enseñó a leer y escribir a los niños ingleses de varias generaciones, mientras que de paso plantaba ideas simplistas y reaccionarias sobre la institución de la monarquía, el predominio de la llamada raza blanca, el rol del Imperio Británico y sus colonias distribuidas por todo el planeta, etc. ¿Qué mejor momento para adoctrinar a un ser humano, que hacerlo cuando todavía no consigue relacionar nociones complejas y acepta por inercia, aquellas que personas respetadas, como sus padres, maestros y guías espirituales. Se ponen de acuerdo para imponerle?

El Alfabeto de la Gran Guerra de André Hellé, enseñaba a los niños franceses las primeras letras, al mismo tiempo que mencionaba las regiones en litigio y los batallones del ejército nacional. Ese también era el momento: había que ofrecerle a la infancia una interpretación de una realidad tan repulsiva como imposible de ignorar.

La Primera Guerra Mundial fue una catástrofe originaria en otros sentido, ya que marcó de por vida a los niños que crecieron en esos años. El odio y el deseo de venganza los transformaron en los soldados ideales de la siguiente guerra, tanto en el frente como en los hogares. Eran niños que habían aprendido desde temprano a soportar las privaciones y el sufrimiento. Habían soñado con héroes incondicionales y experimentado en carne propia el poco valor que tiene la vida de una persona cuando se ve envuelta en un baño de sangre como una guerra. (Yury y Sonia Wintergerg: Los niños en la Primera Guerra Mundial)

Boys scouts

Boys scouts

El movimiento de los Boy Scouts, nacido en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, planteaba el desarrollo de habilidades sociales en los niños, mediante un sistema de contacto con la naturaleza y disciplina militar. Los participantes en estas actividades vacacionales veraniegas estaban divididos en batallones que seguían a monitores encargados de servir de modelos a los inexpertos. Robert Baden-Powell condujo el primer campamento de 1907, en el que había muchos hijos de militares.

La nueva prensa dirigida a los niños, que se había dedicado a publicar novelas de aventuras y comics desde fines del siglo XIX, difundió el scoutismo por todo el planeta. Aunque las actividades de los campamentos habían creadas inicialmente para varones, no tardó en organizarse otras que se consideraban más adecuadas para mujeres. El éxito sostenido de los scouts, con su imagen de vida sana y solidaria, no pasó desapercibido para los representantes de distintas religiones, y sobre todo para los líderes políticos. ¿Por qué no imitar el esquema tan exitoso, con el objeto de atraer niños a sus propios movimientos?

Los regímenes totalitarios que abundaron en el siglo XX, se preocuparon de reconocer el aporte de los niños a sus causas, que se declaraban patrióticas y renovadoras de la sociedad. Los niños que se inscribían en las organizaciones creadas por el Estado para ellos, recibían bellos uniformes, desfilaban en las grandes celebraciones junto a las fuerzas del orden, se les ofrecían vacaciones en lugares idílicos, se los entrenaba militarmente.

A las Juventudes Hitlerianas se ingresaba a los ocho años. Los niños eran halagados y adiestrados con el mismo rigor. Se convertían en los propagandistas más eficaces del nuevo proyecto de sociedad que había llegado al poder. En caso de necesidad podían ser utilizados como insospechables espías de la fidelidad al régimen de sus familiares y vecinos.

Hacia el final la Guerra Civil española, cuando la causa de la república se consideraba perdida, cientos de niños provenientes de familias de militancia izquierdista fueron enviados a la Unión Soviética por sus padres, en un exilio que se prolongó por cuatro décadas. Durante la guerra, los niños participaron en un bando y otro, como hicieron las mujeres y el clero, pero ¿estaban ellos a la altura de las circunstancias?

La centuria era una pandilla sin entrenamiento, compuesta en su mayoría de jóvenes adolescentes. Acá y allá en la milicia, uno se podía cruzar con niños tan jóvenes como de 11 o 12 años, usualmente refugiados del territorio fascista, que habían sido enlistados como la forma más fácil de cuidarlos. Lo normal era emplearlos en tareas livianas en la retaguardia, pero a veces ellos lograban ser enviados al frente, donde eran una amenaza para todos. Recuerdo a un pequeño bruto que arrojó una granada a una fogata “para hacer una broma”. (George Orwell: Homenaje a Cataluña)

Niño soldado con Cruz de Hierro

Niño soldado con Cruz de Hierro

En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, batallones de niños alemanes resistieron en Berlín, mientras los dirigentes huían o se suicidaban. Algunos tenían apenas doce años y no obstante llegaron a ser premiados por su valor en combate, con la máxima distinción del ejército alemán, la Cruz de Hierro. En Japón, los niños se incorporaban a los Kamikaze, soldados que se inmolaban al atacar al enemigo. Por cruel que parezca esta decisión, la alternativa de morir por la patria o vivir como un cobarde, que todo el mundo despreciaría, había sido un tema recurrente de la pedagogía infantil.

Resistiendo a los invasores alemanes, en Polonia, hubo niños que antes de la guerra  habían sido boy scouts y al producirse la ocupación decidieron convertirse en guerrilleros. No estaban organizados por los adultos. Actuaban espontáneamente y sin ser demasiado eficaces, enfrentando a un adversario adulto y profesional, que el ejército polaco había sido incapaz de detener.

Un día, cuando estaba en la escuela y tenía 13 o 14 años, uno de los muchachos se me acercó y me preguntó si quería pertenecer a los zawisza, una palabra polaca para describir a un caballero medieval, reconocido por sus altos valores morales y amor por su país. Yo dije que sí. (…) Todo lo hacíamos bajo absoluto secreto. Ni mis padres sabían qué estaba haciendo. Yo tenía reuniones con ocho personas en mi casa. Mis padres no decían nada. (Andrei Slawinski)

Los pioneros de la Unión Soviética (y después de la Segunda Guerra Mundial, de otros países del bloque en Europa y Asia), que se habían afiliado voluntariamente a la organización, debían ser los futuros miembros de la clase dirigente. En China, Mao Zedung, que veía en peligro su posición como jefe, otorgó poderes ilimitados a los Guardias Rojos entre 1966 y 1972, para conducir una Revolución Cultural que consistía en criticar, remover y castigar a los enemigos internos del régimen. Los jóvenes se enfrentaban a los adultos que habían respetado durante siglos, los juzgaron y les impusieron sus decisiones.

El milenario sistema autoritario que regía en las relaciones jerárquicas entre jóvenes y adultos había sido invertido y esa evidencia resultaba demasiado seductora para los observadores fuera de China, que se enteraban por la prensa de los juicios populares y las condenas humillantes que sufrían los adultos a quienes se motejaba de reaccionarios. Era la liberación (pero acotada) de antiguas fiestas como el Carnaval, que trastorna todos los valores y se burla de las reglas. Si los jóvenes chinos no eran tan espontáneos como ellos creían ser, si en muchas ocasiones fueron manipulados por la policía secreta de Mao, como ha tardado en saberse, eso no termina de explicar la seducción que tuvo el movimiento fuera de China. A lo largo del siglo XX, los jóvenes habían llegado a convertirse en protagonistas de la actualidad internacional, en el modelo que el resto de la sociedad seguía, para no ser considerada anticuada.